Sí a la Paz Urbana

Con la llegada del próximo proceso electoral también surgen una serie de inquietudes sobre las condiciones de seguridad para los candidatos y candidatas. Y aunque el Gobierno Nacional viene avanzando a paso firme en la consolidación de la estrategia de la paz total, ya sea con la apertura de diálogos socio-jurídicos o con procesos de negociación política, lo cierto es que algunos de estos grupos siguen siendo los principales generadores de violencia en varias zonas del país y con su accionar amenazan el normal desarrollo de las próximas elecciones.

Pensando en la tranquilidad de los candidatos que por estos días se encuentran recorriendo el país, todos los actores armados con pista en la paz total, en un acto de sensatez y especialmente de compromiso con la paz, deberían poner un alto a toda acción armada, hostigamiento o hecho violento contra la población civil. 

No tiene sentido que mientras se habla de paz en una mesa de diálogos, inclusive convocando a la sociedad, al mismo tiempo se atente contra la ciudadanía o el normal desarrollo de un próximo proceso electoral. Es algo que no solo le resta legitimidad a los alcances de la paz total, sino que le da argumentos a los sectores de extrema derecha para despotricar de la salida negociada y hacer campaña incitando a la guerra. 

De la misma forma, todo el conjunto de instituciones que conforman el Estado debe garantizar que todos los candidatos y candidatas, sin distingo de ideología o partido político, puedan contar con las condiciones de seguridad suficientes para que puedan adelantar campaña en todos los rincones del país, no puede haber territorios “vedados” al juego democrático o cooptados por los intereses de actores armados que instrumentalizan las elecciones con la mera finalidad de posicionar sus intereses. 

No podemos construir un verdadero Estado Social de Derecho con territorios secuestrados por la criminalidad y con comunidades doblegadas.

 
Que las elecciones sean la oportunidad para que todos los colombianos y colombianas tengan la tranquilidad de elegir a los candidatos de su preferencia, aquellos con los que sientan mayor afinidad programática o ideológica, es esa libertad de elegir la que le da pleno sentido a nuestra maltrecha democracia y es algo que como liberal progresista, convencido de la importancia de respetar las instituciones, no pongo en tela de juicio. Que sean las ideas, las propuestas y el carisma lo que convoquen a los ciudadanos a las urnas. 

De ahí que, para el caso de Antioquia, debamos poner la lupa sobre las condiciones de seguridad en municipios de subregiones como el Norte, el Nordeste y el Bajo Cauca; además, de algunos barrios de Medellín y su área Metropolitana. Porque lo vuelvo a repetir: no podemos permitir que la violencia y el hostigamiento de algunos actores armados condicionen el proceso electoral.

Es un reto tanto para el gobierno como para la sociedad, pues la violencia no se puede legitimar y antes debe ser castigada con contundencia en las urnas. De eso tampoco tengo la menor duda.